El fútbol es un espacio de aprendizaje y pasión que pertenece a niñas y niños por igual, libre de géneros. Sin embargo, se ha convertido en un espacio donde la violencia verbal y física se ejerce con absoluta libertad.

La violencia verbal en el fútbol responde a los estereotipos incorporados a través del proceso de socialización por el que todos pasamos. Ideas y valores que establecen unas formas de ser y de actuar para los hombres y otras para las mujeres.

Cuando chicos y chicas no cumplen con esos mandatos y quieren expresar lo que sienten con total libertad, terminan convirtiéndose en víctimas de gritos, insultos, humillaciones, burlas y, a veces, hasta de castigos desproporcionados.

El fútbol debería ser un deporte útil para que quienes juegan desarrollen su capacidad creativa, aprendan a respetarse mutuamente, incorporen las técnicas propias de un buen jugador o jugadora y expresen libremente sus emociones.

La presión desmedida y agresiva, la humillación y el insulto solo generan miedo y frustración, y vulneran la capacidad psicofísica de los más pequeños.

Es necesario romper con los mandatos masculinos tradicionales que exigen ser siempre fuertes, exitosos y físicamente potentes, y que marginan a quienes no se ajustan a esta norma. Y con los mandatos tradicionales femeninos que consideran a las mujeres frágiles, demandantes de protección, no competitivas y emocionalmente débiles.

El fútbol debe ser un espacio más inclusivo e intercultural, que dé lugar a quienes se sienten excluidos, donde se genere empatía y respeto hacia los jugadores, que promueva vínculos más igualitarios y comportamientos menos violentos. Comprender que varones y mujeres tienen los mismos derechos y, por lo tanto, deben tener las mismas oportunidades.

Si formas parte de un club, de un cuerpo técnico o de una familia que quiere trabajar estas ideas, reunimos preguntas, un caso para debatir y pautas en nuestra guía de fútbol base e igualdad para entrenadores y familias.