La entrevista es el momento más delicado de cualquier investigación interna por violencia o acoso: de su calidad dependen la información obtenida, los derechos de las partes y la confianza de todo el equipo en el procedimiento. Estos son los criterios técnicos esenciales.

Antes: preparación y encuadre

Quien entreviste debe conocer el protocolo, el expediente y los hechos denunciados antes de sentarse. Conviene definir por anticipado qué información se necesita obtener, en qué orden se abordarán los temas y qué garantías se comunicarán. El espacio importa: privado, sin interrupciones, sin la presencia de personas ajenas al procedimiento.

El encuadre inicial define todo

Los primeros minutos deben dedicarse a explicar el propósito de la entrevista, quiénes tendrán acceso a la información, qué implica la confidencialidad y cuáles son los próximos pasos del procedimiento. Una persona que entiende el proceso declara con más precisión y menos angustia.

Durante: preguntas que abren, no que inducen

La regla de oro es preferir preguntas abiertas ("contame qué pasó ese día") sobre preguntas cerradas o sugestivas ("¿te gritó fuerte?"). Las preguntas de profundización se reservan para precisar detalles ya mencionados: fechas, lugares, testigos, frecuencia. Un cuestionario diseñado con criterios metodológicos ayuda a cubrir todos los puntos relevantes sin convertir la entrevista en un interrogatorio.

Evitar la revictimización

No se le pide a la persona denunciante que repita su relato innecesariamente, no se emiten juicios sobre su conducta ("¿por qué no lo dijiste antes?") y no se confronta su versión con la de la otra parte en la misma entrevista. La empatía no compromete la imparcialidad: son planos distintos.

Indicadores y detección de inconsistencias

Quien investiga debe registrar indicadores relevantes —precisión del relato, coherencia interna, correspondencia con otros elementos del expediente— sin convertirse en detector de mentiras: las inconsistencias se exploran con preguntas de precisión, no con acusaciones. La valoración final se hace sobre el conjunto de la evidencia, nunca sobre impresiones de una sola entrevista.

El registro protege a todos

Un acta fiel —revisada y firmada por la persona entrevistada— protege a la denunciante, a la persona denunciada y a la organización. El expediente debe manejarse con acceso restringido y con compromiso de confidencialidad firmado por cada persona que intervenga.

Después: cierre y próximos pasos

Toda entrevista termina comunicando qué sigue: plazos, posibles medidas provisorias y canales de contacto. El silencio posterior a una denuncia es una de las principales causas de pérdida de confianza en los procedimientos internos.

La herramienta no reemplaza la formación

Un buen cuestionario en manos no capacitadas produce malas investigaciones. La formación práctica del equipo de RR.HH. —con simulación de entrevistas y análisis de casos— es la otra mitad de la ecuación: conducir entrevistas, formular preguntas, valorar la información y resguardar los derechos de todas las personas involucradas.